Vota Brasil: el mundo está pendiente

Este domingo, los brasileños deberán votar quién los gobierne, encontrándose ante una elección presidencial muy singular debido a que los candidatos con mayor intención de voto encarnan dos posturas ideológicamente opuestas.

Jair Bolsonaro y Fernando Haddad

Por un lado, la extrema derecha, con Jair Bolsonaro, un hombre de tradición autoritaria, exmilitar y promercado, que representa a una pequeña fuerza, el Partido Social Liberal (PSL). Por el otro, la izquierda, con Fernando Haddad, exalcalde de San Pablo y exministro de Educación, con una enorme formación intelectual, por el histórico Partido de los Trabajadores (PT).

Al parecer, según los sondeos de opinión pública de las principales encuestadoras, la ventaja a favor del primero es significativa: obtendría el 35%, aventajando por 12 puntos porcentuales al candidato elegido por el encarcelado expresidente Lula da Silva. Sin embargo, las dosis de rechazo son tan altas que incluso superan a las adhesiones: el 45% no votaría de ninguna manera al Capitán Bolsonaro y el 40% no lo haría por exalcalde de San Pablo.

Con esos resultados, Bolsonaro y Haddad deberán enfrentarse el 28 de este mes en segunda vuelta y ante ese eventual escenario los dos candidatos se encuentran técnicamente empatados en 43%. Aunque todo indicaría que el rechazo que tiene el populismo en general y el PT en particular inclinaría la cancha a favor de Bolsonaro. En especial, después de la oportuna decisión por parte del juez Sérgio Moro (que llevó adelante el caso Lava Jato) de levantar el secreto de sumario de parte de la “delación premiada” del ex ministro de Hacienda, Antonio Palocci, un dirigente que formó parte de los gobiernos de Lula y de Dilma Rousseff y que todavía integra el PT, que abrió una caja de Pandora y puso en evidencia todo el sistema cleptocrático y corrupto que imperaba en el vecino país.

Esta polarización pone de manifiesto cómo el centro de la política brasileña está por un lado dividido y por otro, por los escándalos de corrupción y la crisis de los últimos años, ha quedado obviamente muy erosionado. Bolsonaro es indudablemente la expresión de la fatiga, de este cansancio de amplios sectores del Brasil, pero sobre todo de los sectores medios con la vieja política, más vinculada a acuerdos corruptos en el Congreso y más allá de éste, como fuera el esquema del “mensalão”, las mensualidades que se les pagaban a los legisladores para que terminen apoyando las políticas de los Poderes Ejecutivos.

Ante este contexto, la pregunta es qué puede ocurrir y cómo puede impactar en la región y en particular en la Argentina un eventual triunfo de Bolsonaro. Es una incógnita enorme porque nunca hemos tenido un personaje de estas características, desde el punto de vista ideológico, por su trayectoria, una mezcla de Le Pen y Trump, controversial por su historial de declaraciones racistas, machistas y sus discursos agresivos y homofóbicos.

Si resultara electo Bolsonaro, sería la primera vez que Brasil tenga a un ultraderechista como presidente y vote a un nostálgico de los años de la dictadura militar (1964-1985).

Sin embargo, fue moderando su discurso, profesionalizándose, a medida que avanzaba en los sondeos y cuenta curiosamente con el creciente apoyo de votantes jóvenes, mujeres y negros, a pesar de la extensa campaña en las redes en su contra, #Él no. Se ha comprometido a vender compañías estatales en caso de resultar electo y ya dio señales de pragmatismo al expresar que cuenta con un equipo económico que trabaja en la reducción de la carga tributaria y la desburocratización, reforzando su actual luna de miel con el mercado. Pareciera esa clase de políticos que construyen carrera desde los márgenes, pero cuando llegan al poder se acomodan en una postura más centrista.

Pero en el eventual escenario donde resultara ganador el PT, la pregunta es quién gobernará: Lula o el moderado Haddad?

Los mercados lo miran con cautela, ya que éste prometió que su principal medida será interrumpir las reformas impulsadas por Temer encaminadas a reducir los derechos laborales, los puestos de trabajo y a aumentar los impuestos. Si Haddad fuera electo, el PT ganaría su quinta presidencia consecutiva.

Por lo pronto, debemos tener prudencia y esperar que se vayan acomodando los tantos teniendo en cuenta que Brasil es un país en el cual, si se lo mira históricamente en los últimos 25 o 30 años, claramente los presidentes que se salieron un poco de la media terminaron excluidos, tal es el caso Collor de Melo o de Dilma Rousseff. El establishment terminó amoldándose a presidentes que parecían que podían romper el statu quo como Lula (y con el que terminó teniendo un buen vínculo) o bien expulsando presidentes fuera del sistema.

Brasil es el país más importante de América Latina en tamaño de economía, de población. Es un continente en sí mismo. Entonces, la gran pregunta es si podrá recuperar su potencial económico y estratégico y volver a ser el gran país, el líder de la región. ¿Y qué significa esto en un mundo en el cual Estados Unidos está tratando de recuperar su influencia en Latinoamérica, de reconstruir la doctrina Monroe “a la Trump” (de “América para los americanos”, a “todo el continente para los norteamericanos”)?

El futuro de Argentina está íntimamente relacionado con Brasil y nos conviene que nuestro vecino crezca. Muchas de nuestras exportaciones no agroindustriales van a Brasil (por ejemplo, autos) y por lo tanto necesitamos que para que a Argentina le vaya bien, también le vaya bien a Brasil. Pero, más allá de este aspecto económico, que es fundamental, están otras dos dimensiones. Una más política, que es que la democracia de Brasil se fortalezca, especialmente en el contexto de una Venezuela en crisis, que se está desmoronando y que genera una disrupción en la región. Y otra, que la pongo a modo de hipótesis: el ejemplo de Corea del Norte está generando bastante ruido, en términos de cuál es el costo y los beneficios de desarrollar tecnología nuclear con fines “pacíficos”, o no tanto.

América Latina es una zona de paz, pero podría dejar de serlo. Y si hay países que ven que desarrollar tecnología nuclear inclusive para fines militares no tiene costos en este mundo, podría significar una ruptura del equilibrio que nos afectaría directa o indirectamente. Es un aspecto a monitorear.

Independientemente de quien gane el domingo, estamos obligados a trabajar con quien sea presidente.

El que gane tiene que ser un presidente con total apoyo, con poder. La Argentina tiene que entender que la relación con Brasil es estratégica. Hay que pensar en el largo plazo, especialmente en proyectos que involucren una dinámica “ganar-ganar”: infraestructura, energía, capital humano, coordinación y mejora en toda la regulación del Mercosur para potenciar el área, fortalecerla, y aprovechar todas las oportunidades que se presenten y crear nuevas.

Sorprende el silencio por parte del gobierno respecto de las elecciones brasileñas. Hasta ahora, no ha expresado favoritismo por ninguno de los candidatos presidenciales, a pesar de las declaraciones de Fernando Haddad acerca del vínculo de amistad que lo une con Mauricio Macri, desde la época en que eran intendentes por sus respectivas ciudades. ¿Será que el presidente aprendió la lección y no quiere apoyar abiertamente su candidatura como lo hizo con la de Hillary Clinton?

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